Agricultores piden dar al maíz prioridad para dejar de depender de EU en un alimento tan mexicano

DULCE OLVERA. SINEMBARGO.

Actualmente sólo el 0.9 por ciento del área cultivable del país emplea biotecnología en comparación con Uruguay (91 por ciento) o Paraguay (88 por ciento). Si la expande, podría lograr un incremento de 16 por ciento en el rendimiento por hectárea de maíz y 22 por ciento en el maíz blanco.

Los granos que faltan en México, dijeron, se pueden producir sin la necesidad de importarlos como sucedía antes de la firma del TLCAN.

IMCO documentó que la productividad típica de maíz amarillo y blanco en México es apenas el 14 por ciento de lo que produce Estados Unidos, su principal proveedor y competidor en el rubro. Foto: Dulce Olvera, SinEmbargo.

CIUDAD DE MÉXICO. Agricultores y el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) han llamado a incrementar el uso de biotecnología en el cultivo de maíz, ya que si se introduce en al menos 7 millones de hectáreas, el PIB del sector agropecuario crecería un 8 por ciento beneficiando a los pequeños productores de municipios pobres, los precios bajarían un 11.5 por ciento y disminuiría un 7 por ciento la importación del grano, y la dependencia a los subsidios públicos.

México produce 2.4 toneladas de maíz amarillo por hectárea frente a las 4 por hectárea necesarias para el equilibrio y las 8 toneladas producidas en Estados Unidos, de acuerdo con el Servicio de Información Agropecuaria y Pesquera (SIAP).

IMCO documentó que la productividad típica de maíz amarillo y blanco en México es apenas el 14 por ciento de lo que produce Estados Unidos, su principal proveedor y competidor en el rubro.

Actualmente sólo el 0.9 por ciento del área cultivable del país emplea biotecnología en comparación con Uruguay (91 por ciento) o Paraguay (88 por ciento). Si la expande, podría lograr un incremento de 16 por ciento en el rendimiento por hectárea de maíz y 22 por ciento en el maíz blanco.

El uso de biotecnología en maíz es de bajo riesgo y la discusión científica ya está superada, por lo que llamaron a las autoridades mexicanas a romper los bloqueos y ceder los permisos para su uso comercial.

Luego de una relación de 20 mil años con este tradicional alimento, es necesario actualizar la tecnología de cultivo empleada ante el aumento de población y el actual proteccionismo comercial, expuso en conferencia Manuel Molano, investigador de IMCO.

“Ante el creciente proteccionismo de Donald Trump, no estamos seguros de poder depender del granero de EU”, dijo. Como el maíz alimenta a las cadenas de ganado (carne y leche), también afectaría ese sector.

El maíz que importa México de Estados Unidos es genéticamente modificado, es de hace dos o tres años de cosecha y corresponde al 30 por ciento del consumo nacional.

Respecto a los beneficios económicos de la productividad, Molano detectó que tanto en el maíz amarillo como el blanco, entre más productivo es un municipio -como los de Chihuahua, Sinaloa, Durango- el Índice de Desarrollo Humano es mayor y su población es menos pobre y vulnerable.

Los municipios maiceros menos productivos están en Yucatán, Quintana Roo y Zacatecas.

La reducción de precios del maíz estimada de un 11.5 por ciento si se aumenta la biotecnología, implica 1.2 por ciento de ingreso adicional a las familias más pobres; “la diferencia entre tomar leche un día o no”, ejemplificó el investigador Manuel Molano.

Asimismo, por su capacidad de generar productos más resistentes, puede reducir el uso de pesticidas y agro químicos.

Mario Valdés, agricultor de la Comarca Lagunera y dirigente de Alianza Protransgénicos, argumentó que el uso de esta tecnología implica emplear menos tierra y agua con mayor producción a menor costo, lo cual se comprobó con estudios piloto avalados por la SAGARPA y universidades públicas desde hace cuatro años.

“No estamos en contra de las 59 razas de maíz, al contrario, buscamos que se mejore”, afirmó. “No estamos haciendo ningún daño. Hay una distancia de espacio y fechas de siembra establecidas en la producción entre tipos de maíz; no hay cruzamiento”.

Los granos que nos faltan, agregó, podemos producirlos y no tendríamos necesidad de importarlos como sucedía antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El apoyo monetario de entre 500 pesos y 18 mil pesos de Procampo lo consideró insuficiente, por lo que Valdés pidió soporte de tecnología.

“Los productores ya estamos hartos de que México no produce lo que consume”, aseveró el agricultor de la Comarca Lagunera.

Sin embargo, acusó que en la SAGARPA y Semarnat han tenido oídos sordos cuando les explican las bondades de estas técnicas. Han hecho alrededor de 50 solicitudes para que les permitan expandir los estudios piloto al área comercial.

Pedro Ortiz, agricultor de Chihuahua y vicepresidente de la Alianza Protransgénicos, resaltó que los subsidios públicos están rebasados por lo que las semillas genéticamente modificadas -en determinados municipios y no en todo el país- son una opción al aumentar la producción con menores costos.

“Hay evidencia científica sólida de que los transgénicos no generan daño a la salud ni al ambiente; son mitos”, reiteró.

El no adoptar la biotecnología ha provocado que México pierda una “gran oportunidad”, por lo que Ortiz pidió a las autoridades dar el permiso de emplearla e ignorar los mitos.

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