Más de un siglo de corrupción en manejo del agua: historiador

Benjamín Galindo habló sobre el trato que se le daba al agua tras el huracán de 1909.

MONTERREY, Nuevo León. La corrupción en el manejo del agua no es nueva. Desde hace más de un siglo, sus concesiones se han dado en contextos de conflictos de interés y opacidad, aseguran especialistas.

De ello da cuenta el libro La tempestad de 1909. Una crónica pluvial sobre Monterrey y Bernardo Reyes, del historiador Benjamín Galindo.

Si bien el eje central de la obra es la tragedia de aquella inundación, el autor explica de manera detallada el trato que se le daba al agua y los intereses de las empresas que que formarían la industria regiomontana.

En la crónica, Galindo desmitifica al entonces gobernador, el general Bernardo Reyes, cuya fama de grandeza se ve opacada ante la descripción del mal manejo de la emergencia de 1909, además de evidenciar su participación en negocios corruptos y conflictos de interés en el otorgamiento de concesiones de agua.

“(Destaca) la omisión del gobernador ante un evento que a todas luces lo rebasó, un evento de la naturaleza, un río indomable que hay que respetar. Y el tema sigue vigente.

“El río es el personaje principal y nos dice que está presente con esas situaciones, estas inundaciones”.

Sus colegas historiadores, Erasmo Torres y José Antonio Olvera, elogian su escrito y rescatan de éste su aporte crítico al mandato de Reyes, quien habría casi “regalado” el agua a las que ahora son las grandes compañías.

En un fragmento de la obra, Benjamín Galindo relata la intención de construir una presa en Boca de Potrero, para la cual se apuntó el empresario norteamericano J. A. Robertson, quien en los trabajos de excavación descubrió un vasto manto de agua subterránea.

Sin embargo, la crónica -respaldada por sustento hemerográfico- cuenta sobre la cancelación de tal concesión y el involucramiento de la familia del gobernador.

“El Gobierno del Estado declaró caduca la concesión y se la entregó a la Compañía Técnica Financiera Mexicana, de la cual eran socios sus hijos Rodolfo y Bernardo Reyes, y Rafael Dávila, también pariente del gobernador”, cita el libro en la página 34.

Finalmente no fueron ellos quienes intervinieron el afluente.

Su obra fue presentada en el Archivo Histórico de Monterrey, precisamente a unos días del 30 aniversario del huracán Gilberto, que devastó la ciudad y dejó muertos. En 1909 la tragedia fue de dimensiones similares, y a pesar de ello, Galindo considera que no se ha aprendido la lección.

“El río no está en su cauce original, le han ganado mucho terreno. No hemos aprendido”.

-Milenio.

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