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sábado, junio 25, 2022

Algodón, la guerra del oro blanco

El verdiblanco algodón ya no adorna los campos colimenses como otrora, pero la memoria colectiva lo recuerda en el escenario agrícola de esta prodiga tierra, a veces sin enlazarlo a su historia de “larga duración”, en la cual anotaremos algunos datos en relación con la guerra secreta del oro blanco, un proceso en el que, el algodón de Colima tuvo sus momentos de “corta duración”, como región tributaria del imperio Mexica y su cultivo a mediados de los siglos XIX y XX.

El algodón es originario de América, África y Asia, en territorio mexicano hace unos ocho mil años ya se cultivaba la especie Gossypium hirsutum, y es en México, donde todavía se localiza la mayor diversidad de especies silvestres de algodón. Hace unos siete mil años se cultivó en el valle del Indo, Asia meridional, donde se desarrolló una civilización de la Edad del Bronce, en una extensión de más de un millón de Km²; en Mesoamérica y Asia se observan los inicios de una biotecnología algodonera, para aprovechar su fibra en tejidos.

Grecia y Roma desconocían el algodón, tuvieron noticia de esta la planta textil de fibra suave, a través de las conquistas de Alejandro Magno, en voz de Megástenes, un viajero, geógrafo y escritor griego que escribió: «hay árboles donde crece la lana» y el romano Plinio el viejo (Historia Natural, libro XII, de Botánica) hace referencia a una lana arbórea. Marco Polo, en la Edad Media, entre los principales productos persas incluye el algodón, panbeen persa, tan notable que los poetas describen la belleza de las grandes plantaciones algodoneras. Al observar el parecido de la fibra con la lana y sabiendo que es vegetal, imaginaron en Europa, que era una planta de ovejas. Jehan –Juan- de Mandeville, seudónimo de un autor anónimo, publicó un libro de viajes (Libro de las maravillas del mundo, entre 1357 y 1371) y en él menciona, como hecho verídico, que el algodón es un árbol que cría pequeños corderos en los extremos de sus flexibles ramas, que se inclinan para que los animalitos pasten.

Los árabes conocieron las manufacturas algodoneras y en el siglo X se cultivaba en el mundo islámico, e introdujeron a España la biotecnología de cultivar e hilar “colchas bonas blancas de algodón” (AHD, 1969: 194), palabra que viene del árabe, de al-qutun, o sea el cotón, voz con la que pasó al italiano cotone, al inglés cotton  y al francés coton.

En lo que concierne a la guerra secreta del algodón, se podría empezar por las vicisitudes del Ixcatl, algodón, desde los tributos que se pagaban en mantas y otros artículos al imperio Mexica (Rodríguez, 1976), que requiere capítulo aparte; así como revisar la guerra socioeconómica de la industrialización y entrar a la geopolítica, que evidencia la confrontación motivada por los intereses sobre el “oro blanco”; en esta guerra del siglo XIX, no tan secreta, las naciones se disputan el mercado algodonero del mundo (Zischka, 1937).

En el siglo XV el comercio británico del algodón entrevé un desarrollo y para el XVII, se convierte en un centro importante; en Estados Unidos el algodón se introdujo en el s. XVIII, proveniente de México y en el XIX, tendría lugar una guerra fiera, aunque poco estruendosa, entre británicos y estadounidenses.  Para dominar los mercados textiles del mundo, Inglaterra inicia una guerra de precios contra EUA, su mayor competidor. Para lograr el triunfo, Inglaterra disponía de una flota mercante que superaba a las de otros países, su capacidad naval le permitía dos acciones: importar los productos textiles que habían acumulado a causa del bloqueo de Napoleón a sus puertos y ofrecer precios y créditos, un dumping, con la intensión de arruinar a sus competidores.

Enfrascada en esta guerra, Inglaterra pierde clientes en Europa y muchas fábricas se vieron en la necesidad de despedir obreros, la situación provoca una grave agitación social, que obliga a esos países que enfrenten a Inglaterra y la obliguen a modificar su postura; ésta cede, sí, pero impone una política de libre intercambio, Gran Bretaña había logrado su objetivo: la supremacía textil británica, gana la batalla, pero a la larga perdería la guerra.  En ese periodo, EUA enfrenta la Guerra de Secesión, los intereses sureños se oponen a los del Norte, que implementa aduanas para resguardar sus industrias del dumping inglés, pero en perjuicio de los del Sur, que entonces busca exportar su producción algodonera a través de puertos mexicanos, con el apoyo inglés, que salvaguardaba sus intereses.

Esta guerra desconcierta el mercado mundial, por la escasez del algodón para la industria, al grado tal, que en muchos países europeos se volvió a la producción artesanal, usando la rueca, el telar de mano y a otras fibras, principalmente lino y lana, que redundó en el incremento de la cría de ovejas. En México, el efecto es contrario, al ser causa del aumento de cultivos e industrias textiles.  Pero en Europa fue muy duro el golpe socioeconómico durante este episodio de las guerras secretas del algodón, tanto que, en 1865, el mercado textil casi retorna al punto en que se hallaba antes de las invenciones de R. Arkwright y J. Watt, del torno mecánico de hilar en 1769 y la máquina de vapor en 1775, respectivamente (Herken y Giménez, 1983: 42).

A fines de 1864, el cónsul británico en Tampico, respecto a la problemática del comercio algodonero con la Confederación, informa que se cultiva algodón en la región norte de Veracruz y que era el principal productor antes de la guerra civil estadounidense; durante la intervención francesa, Veracruz exporta un 23% de su algodón a EUA y el resto se embarca hacia Inglaterra y Francia.  Debido a la situación estadounidense, se incrementa la producción de algodón en los estados norteños de México, que lo exportan aprovechando el alza de precios, así como para abastecer su industria textil, apenas incipiente; de modo que, el bloqueo del Norte  a la producción sureña, se traduce en una entrada de aproximadamente 8 millones de libras para la industria mexicana y el aumento de producción algodonera o su emergencia en otros estados de la república mexicana (Shcoonover, 1974);  En Colima, el algodón abastecería tres fábricas de hilados y tejidos.

En los Anales del Ministerio de Fomento, de México, se encuentra la escalada en la producción algodonera y la industria textil en varios estados, Chihuahua, Coahuila, Durango y San Luis Potosí, donde los datos de 1857 a 1870, indican un aumento de fábricas. Esto es un efecto de varias situaciones, una es la escasez del algodón estadounidense que se exportaba a Inglaterra y otros países de Europa y que necesitaban del abastecimiento de la materia prima, que la Guerra de Secesión había interrumpido.

Más datos interesantes hay, sobre la historia de la guerra por el oro blanco, pero volviendo la mirada al presente, vemos su importancia, en el año 2020, la producción mundial de algodón se estimó en 122.14 millones de pacas de 480 libras; en México, la producción se estimó en 1.57 millones de pacas (USDA).  Sin duda el algodón es un importante cultivo, que tiene un gran peso socioeconómico, su cultivo e industrialización requiere de millones de personas y cuando se conceptualiza el trabajo agroindustrial como un hecho social, este se convierte en un interesante objeto de estudio, que demanda muchos renglones.

Bibliografía
– AHD – Archivo Historico Diocesano. Colección: Fuentes y estudios de historia leonesa. Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. España, ,1969.
– Herken Krauer Juan Carlos y Giménez de Herke María Isabel. Gran Bretaña y la guerra de la Triple Alianza.  Editorial Arte Nuevo, Buenos Aires. 1983.
– Plinio Secondo, Caio. Historia naturale. Plinio vulgare. Venesia, Bartolamio de Zani de Portesio, 1489, en:  Academia Nacional de Medicina, Biblioteca,  http://www.biblioteca.anm.edu.ar/plinio.htm

– Rodríguez Vallejo José. Izcatl, el algodón mexicano. FCE.  1976.
– Shcoonover Thomas. El algodón mexicano y la guerra civil norteamericana, en: Historia Mexicana, Vol. 23, No. 3, enero – marzo de 1974: 483-506. El Colegio de México.
– Zischka Anton. La guerra secreta por el algodón. Ed. Claridad, Argentina. 1937

Fuente: EL COMENTARIO.

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