Maíz para México: un trabajo que debe continuar

El programa Maíz para México es una estrategia que busca aumentar la productividad y rentabilidad del maíz a lo largo y ancho del territorio nacional, bajo una perspectiva sustentable y la preservación de su biodiversidad y herencia de cultivo. Desde su creación, en 2019, este proyecto ha reunido a diferentes instancias de gobierno, instituciones de investigación, sociedad civil y organizaciones de productores como el Consejo Nacional Agropecuario (CNA), con el fin de lograr resultados sustantivos en 2030. ¿Realmente nos encaminamos hacia esa meta? Es conveniente reforzar el diálogo en torno a este plan de trabajo.

En México, el maíz es el alimento principal de la población, pero también es un componente fundamental del patrimonio gastronómico, cultural e identitario de los mexicanos. De las 220 razas de maíz de América Latina, en nuestro país se han identificado 64 y de éstas, a su vez, 59 pueden considerarse nativas.

A pesar de su relevancia, el cultivo de maíz mexicano presenta bajos índices de productividad en comparación con los de otras naciones productoras. En las últimas décadas, la demanda de este cereal ha aumentado a un ritmo superior al de su producción, lo cual se debe a un incremento del consumo pecuario. Esta tendencia ha provocado que México dependa cada vez más de las importaciones de Estados Unidos.

Con base en este panorama, hace un par de años el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) encabezó el plan Maíz para México en el que se establecieron rutas de acción con la participación de los actores clave de la cadena productiva (proveedores de semilla e insumos, productores y comercializadores, entre otros), así como con la colaboración de los sectores público y privado.

Maíz para México subrayó el hecho de que los productores rurales (especialmente de la región Sur-Sureste), cultivan variedades de maíces criollos con prácticas tradicionales y en pequeñas extensiones, lo que contribuye a la preservación de diferentes semillas, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Pero ¿estas prácticas también pueden derivar en productividad y rendimiento? Por supuesto que sí. Este programa también muestra que se debe promover la agricultura por contrato en esta zona, esto es que las grandes empresas apoyen a los pequeños agricultores para comprar sus cosechas y con ello, se impulse el desarrollo de la cadena de valor del maíz en estas comunidades.

Desgraciadamente, los tiempos de la pandemia han dificultado la continuidad de esta labor. Sin embargo, no podemos abandonar el reto de buscar los medios para aumentar la productividad del maíz en nuestro país. Desde el CNA, mantendremos las puertas abiertas para dialogar con los interlocutores necesarios a fin de retomar, lo más pronto posible, el trabajo pendiente con los productores de maíz, especialmente con los de la región Sur-Sureste de México. No se trata solamente de un desafío, es una imperiosa necesidad.

* Presidente del Consejo Nacional Agropecuario./ Juan Cortina Gallardo

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