16.5 C
Chihuahua
sábado, mayo 21, 2022

Otro campo es posible

Las mujeres y los hombres del campo fueron quienes impulsaron y lograron el triunfo de la Independencia, la Reforma y la Revolución, y quienes, con heroismo y de manera anónima, dieron su vida por lograr las tres grandes transformaciones de México, pero vieron por primera vez reconocidos sus derechos individuales y colectivos en la Constitución de 1917.

Sin embargo, hasta la fecha no hemos logrado honrar esa entrega con políticas públicas que regresen la dignidad al trabajo agropecuario de estas personas, pese a los esfuerzos que se han hecho desde 2018, con el inicio de la Cuarta Transformación de la vida pública de México.

Ante la histórica deuda con el campo, en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024 se reorientaron los recursos hacia la producción en pequeña y mediana escala, para cumplir con un propósito fundamental de justicia social: que coman quienes nos dan de comer, es decir, que a las familias que trabajan en el campo se les retribuya con apoyos que les permitan cubrir sus propias necesidades alimentarias, al mismo tiempo que se integran a cadenas de valor que les faciliten sumarse al desarrollo económico.

Entre los cambios que se han realizado en el sector agropecuario destaca la entrega de apoyos de manera directa a las y los beneficiarios, eliminando la intermediación y el condicionamiento o clientelismo en los programas sociales, muchas veces utilizados como capital electoral para lucrar con la necesidad de las familias que se dedican al trabajo de la tierra.

Además, el Gobierno federal estableció precios de garantía a maíz, frijol, arroz, trigo y leche, con el fin de asegurar un precio justo de compra a quienes producen en pequeña y mediana escala y que en el pasado preferían no hacerlo, ante el temor de no poder competir en el mercado con las grandes industrias del campo. Asimismo, en el rubro legislativo se emitió la nueva Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo.

Con el aumento de los salarios mínimos y el de las personas jornaleras, se dio un paso adelante, aunque insuficiente, para regresar a las nuevas generaciones el interés por permanecer y trabajar en el campo, lo que permitiría evitar el abandono de las tierras productivas y disminuir los altos flujos migratorios en las zonas rurales. Sin embargo, y a pesar de la importancia de este sector, quienes lo conforman siguen viviendo en condiciones injustas: del total de la población rural, 17 millones de personas se encuentran en situación de pobreza y, de éstos, 5 millones en pobreza extrema.

Además, los efectos del abandono del campo por parte de administraciones pasadas son ahora latentes; al cierre de 2020, el sector primario representó sólo el 3.5 por ciento del PIB nacional, con un valor de 616 mil 544 millones de pesos, pero a pesar de ser el ámbito más pequeño, es también el de mayor dinamismo. Por ejemplo, a lo largo de la pandemia de COVID-19, el campo no se ha detenido, sino que mantuvo la tendencia al alza de las exportaciones. De acuerdo con el último reporte de abril de 2021, las divisas obtenidas por las exportaciones del sector superaron incluso a las captadas mediante remesas, productos petroleros y turismo. En diez meses de 2020, el valor de las exportaciones agroalimentarias de México fue el más alto desde 1993, que en mucho se explica por la entrada en vigencia del T-MEC.

Es decir, a lo largo de la historia del país, el campo mexicano ha mostrado una gran resiliencia, ya que, a pesar de los excesos y del abandono sufrido, sigue en pie, como pilar del desarrollo nacional. Potencializar sus capacidades requiere cambios profundos y también mayor promoción a los programas de apoyo que el Gobierno ofrece para el sector, pues de acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2019, sólo el 9.4 por ciento de las unidades de producción agropecuarias solicitaron un crédito para el desarrollo de sus actividades, y de éstas, únicamente el 8.4 por ciento logró obtenerlo. Esta situación coincide con lo reportado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en 2019, respecto a que el crédito agrícola de México es uno de los tres más bajos de la región, con el 1.9 por ciento del total del financiamiento disponible en el país.

El desarrollo no está peleado con el rescate del campo, como en ocasiones se ha querido hacer creer. Al contrario, con sus mujeres y sus hombres fue y es el motor que ha ayudado a que el país salga adelante en momentos difíciles.

Como persona de origen campesino, que enfrentó la adversidad propia del sector y que conoce sus bondades, estoy convencido de que otro campo es posible, si se trabaja de la mano con las y los productores, con los sectores social y privado y con los agentes públicos, para lograr una gobernanza rural efectiva, con paz social y desarrollo económico, que se traduzca en oportunidades para sus habitantes y una mejor calidad de vida.

Agradezco a la Organización Editorial Mexicana por hacer posible mi regreso a uno de los primeros espacios donde comencé a publicar colaboraciones con el fin de avivar el debate sobre la vida pública de nuestro país.

Fuente: EL SOL DE MÉXICO

Artículos relacionados

Categorias

DEL ARCHIVO

PUBLICIDAD