Suena bien la propuesta de un grupo de legisladores de Morena de prohibir el glifosato y otros plaguicidas para que los agricultores utilicen insumos naturales. Es una idea romántica (y mediática). Se trata de regresar a nuestros orígenes, de honrar la naturaleza. El problema es que el remedio que proponen es peor que la supuesta enfermedad. Basta ver lo que pasó en Sri Lanka para comprobarlo.
«La agricultura orgánica puede sonar bien en papel, pero la realidad es muy distinta. Es gracias a avances tecnológicos que la productividad agrícola se ha multiplicado y que miles de millones de personas en el mundo pueden comprar alimentos baratos. Sin el uso de plaguicidas para proteger a los cultivos de plagas sería imposible obtener una producción agroalimentaria de gran escala.
El CNA calcula que la prohibición de los plaguicidas puede reducir la productividad del campo en casi una tercera parte. Esta es una cifra escalofriante. De entrada, la inflación alimenticia se elevará en un momento en el que la canasta básica se ha encarecido de manera significativa.»