Cannabis medicinal: el perfil industrial

El mercado mundial del cannabis legal sigue consolidándose como una industria altamente rentable, atractiva, sostenible y en auge. Ser parte de ella puede ser una alternativa de crecimiento sustentable, positiva y de grandes beneficios sociales.

Fue durante la época de la conquista que las primeras semillas arribaron a América Latina. Esta planta también fue aprovechada como material para cuerdas, textiles, ropa y como forraje; sin embargo, también desde entonces su uso lúdico comenzó a popularizarse con los consecuentes debates sociales, religiosos, morales y políticos, lo que proscribió sus aplicaciones industriales.

A nivel mundial, el valor del mercado de la cannabis legal ha sido explosivo y sostenido desde el 2016 y se estima que para el 2021 ascienda a unos $ 25 mil millones de dólares. Los pronósticos indican que podría llegar a $ 87 mil millones USD en el 2027. Esto derivado del potencial económico de los recientes hallazgos sobre sus aplicaciones y nuevos usos desarrollados para la planta.

Por ejemplo, en el aspecto medicinal, la cannabis tiene aplicaciones probadas y respaldadas por investigación científica como auxiliar en padecimientos como el dolor, ansiedad, insomnio, estrés, depresión, envejecimiento, trastornos de la alimentación, náusea y convulsiones, entre otros; así como coadyuvante en el tratamiento de esclerosis múltiple, algunos tipos de cáncer, enfermedades de la piel, síndrome de Dravet, síndrome de Lennox-Gastaut; glaucoma, la enfermedad de Crohn, epilepsia y fibromialgia.

Además, otros subproductos y procesos industriales de la cannabis incluyen fibras, nanomateriales, telas, aceites, esencias, concentrados, biocombustibles y biofertilizantes. Cada vez más, se multiplican y dan a conocer nuevos suplementos, cosméticos, alimentos, ropa, pomadas, gotas y plásticos cannábicos.

Más allá de eso, la cannabis legal representa oportunidades de inversión, empleos calificados y derrama económica para diversas empresas complementarias en los sectores agrícola, de seguridad, industrial, tecnológico y de servicios.

En México, el proceso de legalización sigue extendiéndose y postergándose, pero podría constituir una alternativa sólida para la recuperación económica post-Covid-19.

Los especialistas del ramo calculan que, durante su primer año, el mercado de la cannabis legal medicinal interno podría ascender a unos $230 millones USD, generando casi 45,000 empleos formales y hasta una derrama de $ 1.1 mil millones USD en inversiones nuevas considerando la adquisición de tierras, construcción, equipamiento, agronomía, ingeniería, seguros, financiamiento, logística, tecnología y servicios necesarios para su puesta en marcha.

Aun más atractivo será participar del mercado global en auge de una industria altamente competitiva pero que parece no tener límites. Tan solo el mercado norteamericano que incluye Canadá y los Estados Unidos representará, hacia 2027, un valor estimado de $ 43.7 mil millones USD. Europa, el sudeste asiático y Australia serían otros mercados que ofrecen una alta demanda y con grandes oportunidades.

Es evidente que, para tomar parte de esta tajada, se requieren no solamente un esfuerzo legislativo notable y complejo; se trata de dar seguridad y garantías, políticas públicas integrales, eliminar burocratismos, ofrecer condiciones atractivas, abatir la imperante corrupción, demagogia y nepotismo, pero -sobre todo- tener la visión de cómo sacar provecho de las ventajas comparativas que ofrece nuestro país para dicha industria.

El cultivo de cannabis legal con aplicaciones medicinales e industriales implica una manejo eficiente de agua, suelos, climas, servicios e infraestructura de primer nivel. La demanda de calidad, eficiencia y trabajo duro es altamente elevada. El uso de tecnologías de punta obliga a una permanente capacitación y actualización.

Adicionalmente, todos los procesos deben ser totalmente orgánicos, cero desperdicios, tiene que garantizarse un impacto positivo al ambiente, inocuidad absoluta, aprovechamiento máximo del agua; biofertilizantes, trabajo bien remunerado, justo y con absoluto respecto a los derechos humanos. Nada puede dejarse al azar; certificaciones, auditorias y supervisión son permanentes.

Fuente: FORBES MÉXICO.

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