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martes, mayo 24, 2022

Economía circular y el sector agroalimentario

Por muchas décadas las actividades económicas, incluidas las relacionadas con la producción de alimentos, se habían desarrollado bajo un modelo lineal enfocado en el uso, transformación y desecho, con una visión ilimitada sobre la disponibilidad de recursos, que si bien llevó a un crecimiento sin precedentes, también representa un modelo insostenible en el tiempo.

Dentro de la economía lineal, el uso de los recursos para las actividades productivas ha generado la degradación de los suelos y del medio ambiente, la contaminación del agua y la emisión de gases de efecto invernadero. En el caso de los alimentos, de acuerdo con la FAO, se desperdicia alrededor del 30% de la producción, son mínimos los volúmenes de materiales reciclados y los subproductos alimentarios y residuos orgánicos que son compostados o valorizados.

La misma pandemia por Covid-19 que actualmente estamos viviendo ha demostrado la importancia que tienen los ecosistemas naturales y la importancia que tiene la alimentación como una necesidad básica. Han surgido los dilemas en torno a la provisión de los alimentos, el acceso a ellos, e incluso se resalta con gran énfasis la importancia de la producción agropecuaria y el cómo las cadenas agroalimentarias no se han visto tan afectadas por la pandemia, como ha sucedido prácticamente con el resto de las actividades de la economía.

En el sector agroalimentario nacional ya vemos a muchas empresas que están desarrollando la llamada economía circular y que son parte de sus procesos productivos, como ejemplo son aquellas industrias que generan energía mediante la utilización de sus propios residuos, casos como la agricultura de conservación o labranza mínima en donde se incorporan los residuos de las cosechas al mismo suelo.

Es así como ha tomado mayor énfasis el concepto de la economía circular, en la que se contemplan estrategias, sin desechos, ni contaminación, manteniendo los productos y materiales en uso, y regenerando los sistemas naturales, además de promover un replanteamiento de conceptos como el bienestar social, el crecimiento económico, los derechos humanos y la sustentabilidad, comenzando así a pensar más en una distribución económica regenerativa y sin huella ecológica.

Algunos de los elementos y beneficios que aporta la economía circular en la alimentación tienen que ver con la creación de empleos; mayor salud ambiental, al reducir los desechos; los subproductos pueden generar otros nuevos productos como telas o fuentes de energía; hace posible nuevos modelos de negocio que gestionen los desechos orgánicos ; se promueven prácticas regenerativas con las que se conservan los suelos y se fortalece a las plantas de plagas y enfermedades, además de que se pueden producir alimentos con un mejor contenido de micronutrientes.

El sector agroalimentario trabaja en modelos más sustentables y sostenibles, y la bioeconomía puede ayudar al sector a través de la obtención de recursos con materias primas de origen biológico y la creación de nuevas cadenas de valor. En este sentido, la tecnología es un elemento fundamental en esta transición, ya que permite obtener otro tipo de productos, a través de la automatización, la robotización, y la inteligencia artificial aplicadas en las cadenas de valor y en los recursos productivos de la industria alimentaria.

Fuente: Luis Fernando  Haro

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