El reto de los indígenas mexicanos frente a la pandemia

A diario, por docenas bajan caminando de la montaña a buscar el sustento; a lo largo de varias generaciones han padecido marginación y pobreza. Son nahuas, son artesanos de Tlamacazapa, comunidad perteneciente al municipio de Taxco que colinda con Morelos; artistas en el diseño con hojas de palma y sus problemas se agudizaron desde el inicio de la pandemia, hasta el 15 de junio eran 22 muertos por Covid-19 y a la fecha van 30, pese a los apoyos constantes de una organización no gubernamental.

De acuerdo con un estudio realizado por la doctora Susan Smith, de la asociación civil Atzin Desarrollo Comunitario, la situación en la zona rural de Tlamacazapa es alarmante ante la severa crisis que enfrentan.

Viven en un paisaje áspero, con divisiones sociales que lesionan la buena relación entre los vecinos y familias, son susceptibles a las influencias del alcohol y las operaciones del narcotráfico, y, además, enfrentan en el rezago la crisis sanitaria provocada por la pandemia.

Es una población de ocho mil habitantes que dependen de las ventas de sus productos a los turistas, se les ve deambulando por las calles, en los mercados, en los restaurantes, donde les permiten y hay turistas, esa es la fuente de sus ingresos, pero debido a la Covid-19 no hay turistas, porque no es una actividad esencial y los artesanos de Tlamacazapa se quedan con sus productos y sin ingresos para lo más elemental: su comida.

Mientras los productos de la canasta básica siguen subiendo, las familias de esta zona rural dedicada al tejido de palma llevan semanas que ya no disponen de recursos para comer, los pocos ahorros se agotaron, el año pasado no tuvieron reservas de maíz por el mal temporal, y se suma una serie de problemas de salud crónicos que los tiene agobiados.

No les preocupa que el gas suba o baje, cocinan con fuego en medio de nubes de humo, ese es otro problema de contaminación, que a decir de los especialistas, ha dejado severos daños en los pulmones, particularmente en las mujeres que las vuelve más vulnerables, combinado con la escasa alimentación de tortillas y comida chatarra con la que matan el hambre cuando salen a vender sus productos; la desnutrición es evidente y suma otro factor de riesgo en la salud.

Para los especialistas de Atzin Desarrollo Comunitario, el grueso de esta población tiene una dieta con altos niveles de azúcar y grasas entre otras sustancias químicas de la comida chatarra, que agregados a la dieta de tortillas de maíz debilita aún más su sistema inmunológico e incrementa la tasa de diabetes, obesidad e hipertensión.

Fuente: Inforural.com

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